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La militancia de los ex desordenados

Más difícil que convivir con un desordenado crónico es lidiar con uno en proceso de recuperación, dice la pareja de una discípula de Marie Kondo

Por Evangelina Himitian

“Hay pocas cosas peores que vivir con una persona desordenada. Una de ellas, es vivir con un desordenado en proceso de rehabilitación”. Quien tira la acusación es Matías , 41 años, en pareja con Paula, de 35. Cuando se conocieron, ella llevaba cinco años conviviendo con mamuts. La ropa usada se acumulaba en su monoambiente y alcanzaba alturas de animales prehistóricos. También había mamuts de ropa limpia, de revistas y diarios. Básicamente corría las cosas con un pie para desplazarse por el ambiente.

Después de vivir dos años en Estados Unidos, compartiendo departamento con otra argentina, había vuelto a Buenos Aires y esa era la primera vez que vivía sola. Lo aprovechó al máximo. No convivir con otros dio rienda suelta a su caos interior. Como trabajaba desde su casa, –es diseñadora– podía pasar todo el día allí adentro sin siquiera sacarse el pijama, y sin que el desorden le molestara. Cuando empezó a salir con Matías, quiso cambiar. Un poco. Pero no resultó. Porque los cambios no llegan de a poco. Lo resolvieron así: casi siempre se quedaban en el departamento de él y el de Paula se volvió un aguantadero. Sólo iba para trabajar.

 

una habitación desordenada
Más o menos así se veía la casa de Paula cuando hacía home office AMK (antes de Marie Kondo)

 

Finalmente decidieron mudarse juntos. Alquilaron algo más grande. No fue fácil para Paula. Tuvo que desprenderse de algunos muebles y sobre todo de todo el caos que constelaba su vida. Eso era lo que más miedo le daba de la convivencia. Una amiga le regaló el libro de Marie Kondo, “La magia del orden“. Lo leyó y desde ese día se volvió una activista. Antes de mudarse con Matías, aplicó el método Kondo para deshacerse de más de la mitad de sus cosas. Regaló, tiró, separó, escaneó. Como la mejor de las alumnas de la japonesa. Finalmente, llegó a la nueva casa con apenas un par de cajas, dispuesta a empezar una nueva etapa.

 

home office ordenado
Así es Paula ahora trabajando desde casa.

 

Lo que Matías no sabía es que convivir con una ex desordenada era más difícil que lidiar con su versión anterior. Paula se volvió implacable. “Nada que se acumule, nada que no se use, nada que no nos traiga felicidad”, repite.

“Es difícil. Porque yo siempre fui muy organizado con mis cosas. Pero ella es fundamentalista. Su placard está ordenado cromáticamente. Su escritorio no admite ni siquiera una lapicera fuera de los cajones. A veces es como si no viviera nadie. No sé como hace. Me gusta el orden, pero su extremismo me hace parecer a mí una persona desordenada”, concluye Matías.

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