La calle de la felicidad

“Desear menos cosas y más relaciones puede hacernos más felices”

Entrevista a Roberta Paltrinieri, socióloga de la Universidad de Bologna que asegura que somos infelices cuando perdemos la capacidad de sentir saciedad.
Roberta Paltrinieri durante una conferencia
Roberta Paltrinieri, profesora de Sociología del consumo en la Universidad de Bologna

 

Por Evangelina Himitian y Soledad Vallejos

La gran paradoja de la sociedad de la abundancia es que buscamos el placer en mecanismos que producen infelicidad. Deseamos, compramos, consumimos y seguimos deseando como si no hubiéramos comprado. El problema no es lo que tenemos, lo que nos falta o lo que necesitamos. Es la insaciabilidad que nos domina lo que nos hace infelices. Esta podría ser una buena síntesis del pensamiento de la socióloga italiana Roberta Paltrinieri, autora del libro “Felicidad responsable”.

“Desear comprar ha sido un imperativo para la sociedad de consumo. Consumir y desear, seguir haciéndolo por más que se posean ya muchos bienes. El problema no es la posesión de bienes sino la insaciabilidad: una promesa constante de algo que se debe desear y que una vez obtenido no da satisfacción y por eso reenvía a la necesidad constante de continuar en este accionar. De aquí nacen los procesos de consumo compulsivo”, dice.

Hace nueve años, un día decidió dejar de comprar ropa, de mirar vidrieras, de adquirir todo aquello que le prometía una vida más feliz. Fue durante la gran crisis de 2008. La retracción general del consumo la llevó a tomar conciencia de muchas cosas y a vivir otra dimensión de aquello sobre lo que daba cátedra en la Universidad de Bologna, la más vieja del mundo occidental: sociología del consumo. Así descubrió que la gente feliz genera vínculos con su entorno, en cambio la infeliz compra compulsivamente. Desde su oficina en el campus universitario, Paltrinieri, accedió a dialogar con las autoras de Deseo Consumido, sobre esa experiencia de desconsumo que al término de un año, también le había cambiado la vida.

–Un día decidiste dejar de comprar ropa y abandonar tus hábitos de consumo ¿Cómo llegaste a esa decisión?

–Abrí mi armario y caí en cuenta de que tenía ropa y zapatos para vestir a cuatro mujeres. Ese día, decidí dejar de comprar ropa. Después, empecé a prestar atención y a ocuparme de los consumos de las boletas. Agua, luz, etcétera. No para gastar menos sino para no consumir inútilmente recursos.

–¿Cómo cambió tu vida y tus hábitos desde entonces?

–Desde hace 20 años que estudio la sociedad italiana y sus consumos. Enseño sociología del consumo en la Universidad. Hace doce años, además, comencé a ocuparme del consumo responsable y particularmente del movimiento vinculado al boicot. Y me apasioné por ese movimiento social. Entonces, llegó la crisis de 2008 y desde ese momento, también mi vida cambió. Mi sensibilidad como estudiosa se volvió una práctica de vida. Y la sustentabilidad se tornó un valor práctico. Empecé a comer más en casa y menos afuera y a invitar amigos a casa, organizándonos para que cada uno trajera algo de comer o de tomar. Comencé a usar más el colectivo y la bicicleta. En el término de un año, mi vida había cambiado completamente ¡y yo me sentía feliz siempre!

“El peor enemigo de la felicidad es la soledad, mientras que el mejor amigo es la confianza”.

–¿Qué es la felicidad responsable?

–Es una idea de felicidad que no se limita a la visión individualista que heredados del Iluminismo y de las ciencias económicas. Un ejemplo es la idea de homo oeconómicus (Según la escuela neoclásica, el hombre económico es una persona racional ante estímulos económicos, siendo capaz de procesar adecuadamente la información que conoce, y actuar en consecuencia, y maximizar su utilizad, tratando de obtener los mayores beneficios con un esfuerzo mínimo). Este concepto limita la dimensión de las relaciones humanas en ese proceso. ¿Puedo ser feliz si a mi alrededor mis vecinos y mis amigos son infelices? ¿Y si viven en condiciones indignas? La felicidad es un recurso colectivo. Sólo podemos ser felices, como decía Aristóteles, juntos. La felicidad individual se transforma en felicidad responsable sólo si todos trabajamos para el bienestar de todos. Esto es, si asumimos la responsabilidad de nuestras acciones y de sus impactos, a favor o en contra del bien común.

“Comencé a usar más el colectivo y la bicicleta. En el término de un año, mi vida había cambiado completamente ¡y yo me sentía feliz siempre!”

–Esto es válido para los ciudadanos. ¿Qué sucede con las empresas?

–¿Por qué desperdiciamos los recursos que sabemos que en el futuro nos van a faltar? Si comprendimos que nuestra reputación no depende del auto que tengamos y que las personas no nos quieren menos porque no vestimos a la última moda… ¿entonces por qué creemos que una empresa puede contaminar el medio ambiente si esto degrada el entorno en el que vive? Las empresas deben participar, involucrarse y ser parte de lo que hoy llamamos bienestar social responsable, en el que cada uno, Estado, empresas y sociedad civil pone a disposición sus propios recursos a favor de la comunidad. No sólo son las principales formas de protección y servicios a los trabajadores, sino que deben mostrar un compromiso social con la comunidad.

Una chica toma un café en un campo
¿Es posible ser feliz siempre?

–¿Cuál es la crisis de la sociedad de la abundancia?

–Hoy no se limita a lo económico, sino que es una crisis de las relaciones humanas. La sociedad de la abundancia ha sido una sociedad de riqueza económica y de pobreza en las relaciones. Considero que hoy, post crisis, somos menos abundantes económicamente pero más conscientes y más responsables.

“La infelicidad típica de la sociedad norteamericana ha fundado su modelo de desarrollo en el consumo irresponsable”

– Menos es más. ¿Es un planteo auténtico o, como algunos cuestionan, el último lujo de quién ya tiene todo?

–Quisiera pensar que es realmente una revolución y no una moda pasajera. Pienso que este minimalismo, ahora ya forma parte de nuestra vida y que no volveremos atrás, incluso porque es probable que en el futuro ya no volvamos a tener el bienestar económico que tuvimos en el pasado. La clase media ha sido la más golpeada por la crisis, porque ha visto que su poder adquisitivo se redujo de forma más acelerada. Mientras que, por el contrario, quienes viven de renta financiera han incrementado sus riquezas. Por esta razón, la clase media ha tenido que hacer de la necesidad una virtud y considera que este es un cambio positivo. El aprendizaje que deja la crisis es de naturaleza cultural: cómo pensar un mundo mejor para vivir.

La sociedad de la abundancia ha sido una sociedad de riqueza económica y de pobreza en las relaciones.

–¿Por qué tener menos o –desear menos– podría hacernos más felices?

–Desear menos cosas y más relaciones puede hacernos más felices.

–¿Cómo afectó tu vida familiar esta decisión ? Transcurrido una buena cantidad de años, ¿cuál es la lectura que hacen tus hijos?

Leer a Putnam (Robert, creador del concepto de capital social) y a Bauman (Zygmunt, padre del término modernidad líquida), me ha ayudado a entender que vivir solo y en soledad es la mayor pobreza que podemos padecer. En particular, Putnam me ha enseñado que con el capital social se responde a la infelicidad típica de la sociedad norteamericana, que han fundado su modelo de desarrollo en el consumo irresponsable. En el fondo, la pregunta que nos hace Putnam es “¿cómo es posible que alguien vaya a jugar al bowling solo?

–Solés decir que no sentís más pobre que antes. ¿Cambió tu autopercepción desde que tomaste esta decisión?

–Estudiar, escribir, dictar clases sobre estos temas me ha hecho entender que mi trabajo era hacer que la gente se vuelva más consciente.

un niño sonríe delante del mar
Las cosas que nos hacen felices son gratuitas. O al menos, que no podríamos comprarlas.

– Las cosas que nos hacen felices son gratis. ¿Es cierto? 

–Cuando superamos la idea materialista de que el dinero hace la felicidad, el homo oeconómicus del que hablaba antes, descubrimos que es cierto que las cosas que nos hacen felices son gratuitas. O al menos, que no podríamos comprarlas.

–¿Y qué ocurre con las que nos hacen infelices?

– La soledad, la enfermedad, el desamor, la muerte… No podemos pagar para cambiarlas.

–¿Dónde buscamos la felicidad hoy? ¿Confundimos bienestar material con felicidad?

–Creo que hasta hace muy poco tiempo reinaba la confusión. Ahora, quizás sin quererlo, nos hemos dado cuenta que la felicidad se alcanza cuando se crean bienes relacionales, que son gratuitos. El voluntariado, por ejemplo ha crecido muchísimo. Lo que está en juego es la confianza. Tener confianza en los otros, desarrollar el sentido altruístico es el primer paso para superar la insostenibilidad de la sociedad actual.

–¿Qué nos hace realmente felices? ¿Cuál es el mayor enemigo de la felicidad?

–El peor enemigo de la felicidad es la soledad, mientras que el mejor amigo es la confianza.

 

 

 

 

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