Tendencias

“Un trago vale tanto por su sabor como por la experiencia que ofrece”

Entrevista con la bartender Mona Gallosi, que asegura que el consumo responsable y de experiencias le dio una nueva chance a los tragos sin alcohol

Por Soledad Vallejos

Su sueño no es abrir un bar. Sus papás siempre fueron abstemios y confiesa que su momento preferido del día no es la noche; ella trabaja mucho mejor por la mañana. Es que Mona Gallosi (38) nunca fue una mujer convencional, ni siquiera dentro de su mundo profesional, donde su nombre ya es marca registrada. La chica detrás de la barra del Empire Thai, en su primer trabajo como bartender hace casi veinte años -cuando el Sex on the beach era el trago de moda- se convirtió en un referente de la industria de la coctelería. Y dice que ya no tiene prejuicios. Hasta se animó a preparar un cóctel para una marca de jugos, y si antes le fastidiaba que alguien le pidiera un trago sin alcohol, hoy piensa distinto. Acaso su hijo Delfo, de apenas diez meses, sea el responsable de muchos cambios en su vida. Hasta su sofisticada barra hogareña, que cuenta con algo más de cien botellas, perdió el trono en el living de su casa. Delfo todavía no camina, pero sabe que en cuestión de semanas puede ingeniárselas para manotear un vodka, un whisky o por qué no un coñac. “Es la bebida que se viene”.

-¿Tus papás eran abstemios?

-Mi papá brindaba en Navidad con un vaso de gaseosa. El colmo era tener una hija bartender. Cuando se lo dije puso el grito en el cielo, pero después estaba muy orgulloso de mi trabajo. Pero yo recuerdo que en la casa de mi infancia, donde mis abuelos estaban muy presentes, nunca faltaba un aperitivo. Lo primero que tomé fue un Cinzano con mi abuelo.

La bartender Mona Gallosi prepara un trago
Mona Gallosi, en acción. 

-¿El consumo responsable le quitó el prejuicio a los tragos sin alcohol?

-Cuando yo empecé a trabajar tenía muchos prejuicios. Y si alguien me pedía un trago sin alcohol me molestaba un poco. Era como si me pidieran un licuado. Con el tiempo empecé a entender que cuando uno habla de coctelería también piensa en el vestido de ese trago, es decir el garnish o la decoración, el vaso en el que se sirve, luego el aromo y por último el sabor. Pensás en todo lo que tiene un cóctel pero sin la graduación alcohólica. Y está bueno, porque el que no puede tomar alcohol cuando sale, ya sea porque es conductor designado, estás embarazada o algún otro motivo, tener un trago sin alcohol en la mano en lugar de un vaso de gaseosa no te deja fuera de esa experiencia social que compartís con otros.

– ¿Importa más el trago o la experiencia del trago?

-Lo que se impone tiene que ver con el consumo de experiencias. Y en ese sentido vuelve lo molecular, sobre todo en la manera de preparar los garnish, las decoraciones, que ya había tenido su boom pero luego desapareció. También los deshidratados, los colores y las espumas. Hay ingredientes, como el sésamo negro, que no le dan un sabor particular pero sí un color impactante. Porque también un cóctel entra primero por los ojos.

¿Sigue vigente la fantasía de seducir a la bartender?

-Sí. Eso nunca cambia. Si saltás del otro lado de la barra no pasa lo mismo. Lo juro. Pero la risa siempre fue mi mejor aliada para salir de cualquier situación. Muchas veces me reía y por dentro pensaba “ay, qué plomo este tipo”. Pero es inevitable. Mientras no se pasen de la raya, el soberbio, el canchero o el goma, a todos les respondo con la misma sonrisa.

 

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