Paternidad

Seis cosas que tu hijo no debería dejar de hacer en las vacaciones de invierno

Cine, teatro, pijamadas... ¿qué es lo que los chicos deben hacer en el receso escolar? Lejos de los programas comerciales, los especialistas proponen recuperar el verdadero objetivo de las vacaciones: un tiempo para descansar, huir del estrés y hasta tener la chance de aburrirse

Por Evangelina Himitian

La ciudad ya está en alerta. Hace tres días arrancó la temporada alta de niños. Y con las vacaciones de invierno, también llegan los programas alternativos para ellos. Eric Adrogué, papá de los mellizos Juana y Román, de ocho años, se preparó con tiempo. En la agenda habrá salidas al teatro, un taller de arte, un campeonato de fútbol…

Son sólo dos semanas, pero sabe que él y su mujer se convertirán en verdaderos malabaristas para conseguir que la agenda y el presupuesto alcancen. Habrá que correr, correr y correr. “Uno quiere que no se aburran. O que no se la pasen todo el día con la tablet. Por eso organizamos día por día. Pero creo que vamos a salir agotados de estas vacaciones. Y me temo que los chicos también”, cuenta.

No están solos. Ésa es la realidad de muchos padres con hijos en edad escolar. Sin embargo, según advierten los especialistas, antes de enrolarse en un complejo plan de actividades hay que tener en cuenta para qué son -o deberían ser- las vacaciones de invierno. Aburrirse, descansar, levantarse tarde, jugar al aire libre y estar con sus padres son algunos de los consejos de los expertos para que los chicos aprovechen mejor este receso.

Los especialistas les encontraron dos funciones principales a las vacaciones: desde el punto de vista sanitario, sirven para que los chicos se queden en sus casas durante las dos semanas más frías del año. También tienen la función de interrumpir en pleno invierno el ciclo de contagio de las enfermedades dentro del aula.

Las vacaciones tienen dos funciones: una sanitaria, y otra pedagógica. Salir de la rutina, sin sumar otros factores de estrés ayuda a los chicos a incorporar los conocimientos adquiridos en la primera mitad del año.

Pero las vacaciones también tienen una función pedagógica. Durante la primera mitad del año, los chicos estuvieron explotando su parte racional para adaptarse a horarios, incorporar nuevos conocimientos y pensar, en un espacio y tiempo reglado por los adultos. “El descanso y el tiempo libre son fundamentales para que la parte racional funcione correctamente. Un error frecuente de los padres es organizar el tiempo de las vacaciones como si fuera época de clases. Y el valor pedagógico de las vacaciones es justamente esa posibilidad de tomar contacto con un tiempo no reglado por los adultos. Hay que perderle el miedo al aburrimiento”, apunta el psicoanalista Pedro Horvat.

Sin embargo, advierte Claudia Amburgo, médica psicoanalista, ex secretaria del departamento de Niños y Adolescente de APA “el valor sanitario y el valor pedagógico de las vacaciones de invierno desaparecen si los chicos terminan más estresados que antes, o en un ambiente familiar de tensión porque los padres se sobreexigen para llevarlos a todos lados”, detalla.

“Cuando hablamos de vacaciones de invierno, aparece en los padres un fuerte temor al tiempo libre. Que sus hijos pierdan el tiempo. Pero las vacaciones no son un tiempo perdido sino un tiempo libre. Son una oportunidad para resetear los vínculos, para que padres e hijos se hagan el tiempo de estar juntos”, dice Eva Rotenberg, directora de la Escuela para Padres y una de las autoras del libro Parentalidades.

En el diálogo con los especialistas, surgió una lista con lo que los chicos no deberían dejar de hacer durante las vacaciones para aprovecharlas mejor y volver a clases con todo. Y, curiosamente, no se habló de llevarlos a tal o cual lugar, sino de consejos y actividades al alcance de todos.

 

Una niña en pantuflas con su cachorro, sentada en el sillón
Levantarse tarde, despertador y desayunar en pantuflas y pijama es un programa que disfrutan tanto los chicos como los padres

Levantarse tarde

 

Acostumbrados a madrugar, los chicos no siempre se acuestan temprano y tienen un déficit de sueño. Las vacaciones son una oportunidad para equilibrarlo y retomar un hábito saludable. La Sociedad Argentina de Pediatría recomienda que los chicos entre los seis y los 12 años duerman entre nueve y 11 horas para levantarse en condiciones. Las ocho horas de sueño recién se aconsejan en los adolescentes.

 

Jugar al aire libre

 

Hoy, la mayoría de los niños en la ciudad vive en departamentos: es la situación de más del 70% de las familias porteñas, según el último censo. Y son pocos los que tienen en su casa un jardín. “Si el tiempo lo permite, no deberían terminar las vacaciones sin haber hecho un programa al aire libre. Muchos padres tienen miedo de que sus hijos tomen frío. Sin embargo, el exterior es un ambiente en el que los virus y las bacterias no se reproducen, como sí ocurre puertas adentro. Si el clima lo permite, no hay que descartar la simple salida a una plaza”, dice el pediatra Mario Elmo, miembro de la comisión directiva de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP).

 

Un niño que juega al aire libre posa de brazos cruzados
Jugar al aire libre, si el tiempo acompaña, es un gran programa

 

Visitar a un familiar

 

Durante el año, no siempre hay tiempo para hacerlo. Estas son actividades que los chicos disfrutan mucho y no implica someterlos al estrés del conglomerado humano de cientos de padres e hijos subidos a un mismo colectivo o subte. “Un abuelo, un tío, un primo. Es una visita que, planificada con el tiempo necesario, puede ser un gran programa para el chico. No hablo de depositarlo en la casa de un familiar, sino de tomarse el tiempo para estar juntos”, dice Horvat.

 

Un niño y una niña intercambian un juguete en un jardín
Jugar, inventar, compartir. Que haya tiempo para todo eso.

Pasar tiempo con sus padres

 

Sentarse a jugar con ellos, compartir un juego de mesa, de cartas, cocinar juntos o acompañar al padre o la madre en el trabajo son planes que los hijos valoran mucho. “La experiencia en el consultorio me dice que los hijos los extrañan mucho a sus padres durante el año. En la semana, son pocas las horas que comparten con ellos. Si el papá o la mamá pueden disponer de un día para quedarse en casa, simplemente apartar una tarde para no hacer nada más que estar con ellos puede ser un muy buen plan”, dice Amburgo.

En un estudio de la Escuela de Negocios de la Universidad Austral, en el que se entrevistó a más de 400 directivos y gerentes, el 71% dijo que la familia es la principal fuente de su satisfacción personal. Sin embargo, sólo destinan 16 horas semanales para atender los asuntos familiares, contra casi 50 horas dedicadas al trabajo.

Un niño lee un libro sentado en un sillón
Leer desarrolla la curiosidad y la imaginación.

Leer un libro

 

Solo, acompañado o como parte de una actividad lúdica. Dedicarle tiempo a la lectura sin las exigencias que puede tener esa consigna en épocas de clase, puede resultar una experiencia tan excitante como motivadora. Sólo es cuestión de encontrar el indicado. “Son cada vez más las escuelas que les envían tarea para las vacaciones de invierno. En ese caso, los padres deberían pedir que no sea excesiva. No es un tiempo para seguir estudiando sino para conectarse de otra manera con los contenidos. Y regalarle a tu hijo un libro especialmente para que lo lea durante estos días puede ser una manera distinta de atraerlo hacia la lectura”, dice Amburgo.

 

Tener tiempo para aburrirse

 

Durante el año, la urgencia y la exigencia que rigen la agenda de los más chicos no da lugar al aburrimiento. Pero el apuro muchas veces se traduce en abulia o en resultados escolares que no están a la altura de las expectativas. “Lo mismo pasa en las vacaciones -afirma Horvat-. Organizamos todo, día por día para que los chicos no se aburran, no estén todo el día metidos en la computadora. Como adultos tenemos que identificar y sortear el miedo que le tenemos al aburrimiento. Al vacío. Aburrirse es sano y productivo. Es en las vacaciones cuando se nos ocurren esas grandes ideas. La mente aburrida dura dos segundos, sobre todo en los chicos, porque enseguida busca algo en qué involucrarse.”

 

Un niño mira la lluvia por la ventana con cara de aburrido
“Má, estoy aburrido”. No hay que huirle al aburrimiento, ya que es la puerta de entrada a la creatividad adormecida

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