Lo compro o no lo compro

“No tengo ninguna azul”. Las mejores excusas a la hora de comprar carteras

Por Soledad Vallejos

Se busca, se elige y se prueba. Como si fuera un tapado, un jean o un par de zapatos. A las mujeres les gusta probarse las carteras. Colgarla en el hombro y pararse de costado frente al espejo para ver cómo queda. La calidad de los cierres o la funcionalidad de sus divisiones pueden ser cualidades que sumen a la hora de argumentar una venta, pero difícilmente sean características que definan la compra. La decisión suele ser mucho más impulsiva. Casi como si fuera amor a primera vista.

Cuando una mujer está casi a punto de perder la batalla de resistirse a una nueva compra, siempre hay un buen argumento detrás. La compra está justificada porque… “Yo necesito una cartera grande. “La verdad es que no tengo ninguna cartera azul”. “Está re buena para la bici”. Excusas indulgentes.

Según las estadísticas de la cámara que agrupa a los fabricantes de carteras, la mujer argentina compra en promedio unas tres carteras por año. En Europa son cuatro por temporada. En el mercado local, el 80% de ellas son de materiales sintéticos y el 20% de cuero. Y el tamaño que más se vende está entre el mediano y el grande. Los datos figuran en el capítulo tres del libro Deseo Consumido, Víctimas de las promos, donde las carteras también forman parte del inventario.

¿Cuántas carteras hay en mi placard? ¿Cada cuánto cambio de modelo? ¿Siempre combina con lo que llevo puesto? En mi caso, donde la bici suele ser el medio de transporte más frecuente para ir a trabajar, casi siempre uso la misma cartera. Es uno de esos modelos que se pueden agarrar al manubrio, como si fuese una alforja, pero con un diseño mucho más cool.

Existen las carteras ecológicas. La marca “Modesta” hace carteras a partir de bolsas de plástico, de esas que se usan una vez y que tardan hasta 500 años en degradarse

Hoy existe una nueva generación de diseñadores que de moda que intentan hacer su trabajo y desarrollar su pasión con conciencia ambiental. La cantidad de ropa y la velocidad de producción y de cambios de temporada también les produce vértigo a los mismos protagonistas de la industria. Ejemplos hay cada vez más. Acá y afuera. Desde la australiana Renée Cuocco, que estuvo de visita en Buenos Aires la semana pasada para dar una conferencia en la que planteó el rol clave del creador en el proceso hacia una industria más sustentables hasta las diseñadoras locales, y hermanas, Florencia y Lola Dacal, que dirigen un taller de costura y se dedican a darle una nueva oportunidad a viejas prendas usadas. Ropa que se recicla y se transforma, y que finalmente se convierte en un modelo único, ya que después de la intervención de las diseñadoras no hay una prenda que sea igual a la otra.

cartera
Ph. Soledad Aznarez

 

Una marca mendocina, Xinca, busca que la gente los vote para ganar un concurso que, dicen, les permitirá seguir reciclando residuos de neumáticos y telas en desuso para fabricar zapatillas. “Nuestras zapatillas son basura y estamos orgullosos”, se ufanan en la presentación del corto, que puede votarse hasta el próximo 11 de junio.

¿Puede una cartera convertirse en un aporte al cuidado del medio ambiente? Las diseñadoras Paula Ckrousotti y Emiliana Carricondo imaginaron que sí, y durante varios años trabajaron con la idea de convertir bolsas de plástico en desuso –de esas que solamente se usan una vez y que tardan hasta 500 años en degradarse– en carteras de diseño. Así nació Modesta, una empresa que fabrica carteras a partir de un proceso de fusión del polietileno de las bolsas de PVC.

“La mujer argentina compra en promedio unas tres carteras por año. En Europa son cuatro por temporada”

Hace más de un año que no me compro carteras. Ni de cuero, ni de material sintético, ni de bolsas de plástico recicladas. Pero hace poco menos de un mes me regalaron una que se ajusta perfecto a mi bicicleta. El contrato formal con Deseo Consumido terminó el 1° de abril pasado, entonces me la pude quedar, ya no estaba en la obligación de recircularla.

Reemplacé el modelo anterior por el nuevo bolso. Es azul y con diseños de El Principito. Y desde que llegó a mis manos la uso sin parar. No cambio de cartera. A pesar de que hay días que hago presión para guardar todo lo que debe entrar allí, incluso ropa para cambiarme después del trayecto en bici.

Nunca es suficiente el espacio de una cartera. La culpa de que soñemos con esa posibilidad, como dice mi colega y amiga Evangelina Himitian, la tiene Mary Poppins.

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