Liviano de equipaje

El estrés de las cosas

cosas
Ph, Soledad Aznarez

Por Evangelina Himitian 

¿Realmente existe tal cosa? ¿Podemos vivir hostigados por el estrés de las cosas? La primera reacción que uno tiene al oír tal diagnóstico es que es errado. No son las cosas las que producen estrés. Somos nosotros, que les damos un determinado valor, o las colocamos en un cierto status y en consecuencia somos nosotros los que sufrimos los efectos traumáticos de perderlos, de no poder comprarlos o de no saber cómo ordenarlos.

Las cosas. Ese término tan poliforme que por muchos años estuvo vedado en el periodismo. Decir “las cosas” era ser inespecífico. Significaba no haber agotado el ingenio de pensar y encontrar una palabra adecuada para nombrar ese “algo”. Ningún editor dejaría pasar semejante falta. La palabra “cosas” sería reemplazada por “pertenencias”, “bienes”, “objetos”…

En inglés, en cambio, usan sin conflictos el término “stuff” para hablar de las cosas que le pertenecen a uno. En el último tiempo, el término se ha usado también para designar esa suerte de aura de objetos materiales de rodean a una persona. Y que, en cierta manera, definen también la identidad de esa persona.

“Nuestra obsesión por las cosas está destruyendo el planeta, nuestras comunidades y nuestra salud”, describe Annie Leonard, creadora del genial documental “La historia de las cosas”, patrocinado por la Tides Foundation y la Funders Workgroup for Sustainable Production and Consumption.

 

El documental “My Stuff” es la historia de un joven finlandés que decide quedarse sólo con lo imprescindible para vivir y encerrar todas las cosas que conforman su universo en un contenedor. Petri Luukkanen tiene 26 años y se siente perdido. Abandonado por su novia, acorralado por una hipoteca y con una tarjeta de crédito al límite, siente que su vida está vacía mientras que su departamento está lleno de cosas. Siente que hay algo que le falta, así que decide averiguar qué es, embarcándose en un experimento con tres reglas: durante un año todas sus pertinencias materiales estarán en un almacén, sólo podrá recuperar una cada día y estará prohibido comprar nada nuevo. Lo que va a descubrir es que puede vivir sin la mayoría de las cosas que creía que eran fundamentales en su vida.

 

“Cosas y más cosas”, dice mientras está tratando de decidir qué recuperar de todo lo que tiene ahí guardado. “Estoy hasta las pelotas de todo”, dice. De lo que está hablando Petri es justamente del estrés de las cosas.

¿Podrían las cosas que tenemos ser una de las causas de la vida estresante que llevamos? Seguramente. Las cosas. Nuestras cosas. Ordenarlas, lograr que cada una tenga su lugar y se quede ahí, significa muchas veces vivir en crisis, en una infinita batalla contra el caos y el desorden. No es casualidad que vivamos un verdadero boom de las terapias de orden.

El problema es que, al ritmo de compra que crece año a año, nuestras cosas son cada vez más. Vivimos rodeados de objetos, que sumamos a nuestra vida como una barrera de seguridad. Desde que uno es chico, empieza a defender su mundo de cosas con la palabra “mío”. Los especialistas explican que eso es lo que nos hace sentir seguros. Y entonces comenzamos a transferir esa seguridad a los objetos. Es el primer paso para empezar a creer, como predica el mercado, que “somos lo que tenemos”.

La gran paradoja es que muchas veces ni siquiera sabemos lo que tenemos. Y que no nos sentimos identificados con todas esas eclécticas pertenencias. Sólo con algunas, unas pocas. En cambio, si las pusiéramos todas juntas, la sensación que experimentaríamos sería de desagrado, saturación, cansancio, hastío. ¿Por qué será que son tan estresantes las mudanzas?

La constante acumulación de cosas y más cosas ha hecho que ese universo de objetos que nos rodea crezca de forma incontrolable. Son las mismas cosas las que traspasan la barrera seguridad que conformaban nuestras pertenencias y desde el otro lado de esa trinchera atacan nuestra identidad. Las cosas, o, mejor dicho, el valor que les damos.

Cuando comenzamos con este proyecto de Deseo Consumido, contamos que vivíamos la experiencia como una manera de conocer nuestra relación con las cosas. “No existe una relación con las cosas. Uno tiene relación con las personas, no con las cosas”, nos cuestionó un especialista. Estaba equivocado. Es más, después de un año de limitar voluntariamente ese universo material que nos rodea, podemos decir que nuestra relación con las cosas habla de nuestra relaciones con las personas mucho más de lo que quisiéramos.

 

3 comentarios

  1. Me encanta lo que escriben, las sigo desde el día 1!
    Me gustaría ponerme en contacto con uds. les quise responder el mail que me manda wordpress pero dice no reply!
    Gracias,

    Me gusta

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