El deseo La experiencia

¿Cómo sería volver a comer un helado por primera vez?

mano
Ph. Soledad Aznarez

Por Evangelina Himitian

Te gusta ese helado, como a mí. Lo vi, lo imaginé… no lo recuerdo. Pero lo sé. Y esta tarde, cuando me paré frente al estante multicolor de la heladera me pregunté si ante ese dilema habrás elegido igual que yo. Si te gustará el verde, el de melón. Abrí el paquete no sin antes tantear dónde estaba el palito. Lo saqué y me fui caminando feliz las cuadras que me faltaban. Lo chupé, después lo mordí. Entonces, volví a preguntarme si vos lo comerías igual. Si al principio dudaste si abordarlo desde arriba. O si en cambio pasarle la lengua por los costados. Mientras caminaba me pregunté “¿por qué mientras tomo este helado estoy pensando en vos?”

Avancé una cuadra y media y cuando sentí que la lengua empezaba a adormecérseme por el frío volví a imaginarte caminando por esa vereda, comiendo ese, mí helado. Con tu boca que es la mía. Volví a concentrarme en el helado. En mi camino. Y unos pasos más allá otra vez apareciste. ¿Disfrutarás de sentir la punta de la lengua congelada? ¿Vos también comerás este helado lento, intentando prolongar el momento lo más que se pueda? Me encontré con el palito desnudo antes de acabar mi camino. Antes de dejar de pensar en vos. ¿Disfrutás la sensación de helado que queda en la boca, aún cuando ya se te acabó? ¿Llevás el palito vacío dos cuadras entre los dedos, como si fuera un cigarrillo, como si todavía tuviera algo para dar?

Hace algunos días me preguntaba cómo sería volver a comer un helado por primera vez. Digo, tener la posibilidad de recuperar esa capacidad de asombro, de rebobinar a cero esa sensación de descubrimiento y goce que experimentamos cuando estamos frente a algo que acabamos de conocer pero que amaremos de por vida.

Compré este helado con la idea de hacer ese ejercicio, pero, en cambio, otra idea me asaltó en el camino. ¿Quién sería la última persona que compró un helado de palito en esta heladera? ¿Y cómo es posible que si compartimos los gustos y recorremos los mismos caminos, los consumidores seamos entes anónimos que nunca se conocerán? El mercado. Ah, cierto. Así es el capitalismo.

Igual, esta tarde disfruté de comer este helado telepático con vos.

One comment

  1. Así es..te cuento mi experiencia. Hacía mucho tiempo que no tomaba un helado, siempre esperaba que alguien me invitara, que al ir a la casa de algún familiar o amiga tendria de postre helado!!! que por cierto es mi preferido desde niña y me trae hermosos recuerdos de mi papa que me llevaba siempre a la misma heladería en nuestros paseos. Y de repente un día sucedió esa sensación que vos describís tan físicamente bien, en una cena familiar mi primo trajo helado!!! que felicidad pensé y volví a disfrutarlo como si fuera la primera vez, su dulzura y sabor…hasta que una prima contesto cuando le preguntaron de que sabor quería “no gracias en casa comemos todos los días helado, siempre hay en el frizzer” y confieso que en ese momento he tenido un pensamiento no muy lindo…Gracias Soledad por hacerme sentir que no soy tan rara, especial o complicada como algunos me dicen, besos!

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