La experiencia Regalos

Un día de la madre minimalista

minion

Ph. Soledad Aznarez

 

Por Evangelina Himitian

Me despertaron con un desayuno en la cama, con el café grande, en la taza que me gusta a mí, con dos dibujos, uno por cada hija y una barra de chocolate que dice.Feliz Día, Mamá. Bueno, decía… ahora dice: F liz Dí Ma a. El resto nos lo comimos.

Esa no fue la introducción para el regalo. Ese fue el regalo.  Acaba de comenzar la parte más difícil del año para quien se propone pasar todo un año sin comprar nada más que lo necesario y que prometió que tampoco recibiría regalos materiales.Por delante están Navidad, mi cumpleaños, Reyes.. Sólo recibiré aquellos regalos que tengan un significado especial y personal para quien me los de.

Y eso ocurrió ayer en el Día de la Madre. Y lo disfruté mucho. No sólo porque les quité la presión de tener que salir a comprar un regalo con la ciudad atestada de hijos haciendo compras. Sino porque cumplieron con mi deseo de un Día de la Madre minimalista.

Durante el día, fuimos a visitar a las abuelas, hubo un asado y a la noche, pollo con papas. Me enfoqué en aprovechar el tiempo con mis hijas, en jugar juntas y divertirnos. Verlas saltar en la cama elástica muertas de risa, ensuciarse de pies a cabeza chapoteando en los charcos, tirándose al pasto a disfrutar del sol y el calor fue perfecto.

Cuando nos sentamos a almorzar, Amanda, la peque de dos años, sentía que le faltaba algo. Agarró una bolsa que tenía panes, me la trajo y me dijo ¡Feliz Día, mami!

Desde que empezamos con Deseo Consumido, Sole y yo no aceptamos regalos, salvo que sean usados y que tengan un valor sentimental. Lo mismo a la hora de hacer regalos. Si alguna persona se olvida de nuestra política, no la vamos a desairar. Simplemente lo vamos a “recircular”. Eso hice con mi mamá, por ejemplo: le regalé un perfume, de esos buenos, que me mandó alguien como regalo a la redacción. En otras ocasiones, tuve que aguzar el ingenio para encontrar en casa algún objeto que pudiera tener un valor especial para la persona que lo recibiera. Y hasta ahora, nadie se ofendió conmigo y están todos muy agradecidos.

***

Por Soledad Vallejos

A mí no me pasó. Me hice la dormida cuando escuché ruidos en la cocina. Aguanté un rato en silencio. Estaba segura de que mi marido, que se había levantado, estaba preparando un desayuno especial por mi día. Pero había ido al baño, pasó por la cocina a tomar agua y se volvió a acostar. Desconcertada, esperé, por si era que había puesto la cafetera y había que esperar que se hiciera el café. Pero ese delicioso olor de las mañanas nunca llegó. Finalmente me levanté y me hice mi propio mate. Al rato, empezaron a aparecer los despeinados personajes de mis mañanas: primero llegó Reni, con un abrazo enorme que decía todo lo que necesitaba oír. Después llegó Santi, con un papel en la mano. Creí que era un dibujo más –el del día de la Madre me lo había dado el día anterior– pero, no. Era una carta. Hacía muchos años que no recibía una carta para el Día de la Madre y este año se me dio. No voy a revelar su contenido, a riesgo de aburrir. Sólo voy a decir que su autor era el mismo autor de esas criaturas despeinadas que pueblan mis mañanas y que puso cosas hermosas que si fueran ciertas sólo en un 20%, sería la mejor madre y esposa del mundo. Yo le creo. ¿Por qué no?

Al mediodía, fuimos al club e hicimos un pic-nic. Mantita, sanguchitos, ensalada. Muy Deseo Consumido.

Antes de que termine el día, me dieron otro regalo: los miré con desconfianza. ¿Habían incumplido mi pedido? No lo creo. Aunque no uso camisón, porque siempre una remera lo resuelve mejor, hace unos meses sucumbí ante un perchero en una feria americana. Era un camisolín de raso, ligeramente quemado con la plancha. (Esa debe haber sido la causa del descarte). Salía 20 pesos. Y me gustó. Pero no lo compré, obvio. Pero mi hija me vio. Sin que me diera cuenta, le pidió la plata al papá y me lo compró. Lo tuvo escondido (o se olvidó por completo de su existencia) hasta ayer que me dieron la sorpresa.

Como madre, no puedo pedir más.

 

 

 

 

3 comentarios

  1. Que divertido esta resultando esto de NO CONSUMIR, por el simple hecho de que nos toca pensar y crear los regalos. Ya les he comentado en respuestas anteriores a sus publicaciones que las ESTOY ACOMPAÑANDO, lejos de ser perfecta como ustedes, pero bueno por algún paso se comienza. No soy mamá pero tengo tres sobrinos divinos que son como mis hijos y fue muy gratificante verlos llegar a junto de mí y corear TIA….NO SABEMOS QUE REGALARTE, ayudanos…. QUE QUERES???? entonces sentados en rueda a mis pies les explique que solamente quiero COSAS QUE TENGAN SIGNIFICADO porque de todas las demas tengo más que suficientes y que necesitaria varias vidas para gastarlas o usarlas todas. Por lo que parafraseando una canción de Soledad Pastorutti les canté: …”por esos dias por venir, por este brindis para mí…por regalarle la intuición al alma mía… porque los días se nos van, quiero cantar hasta el final, por otra noche como esta DOY MI VIDA…” En resumen creo que comprendieron que no es la cosa en si misma el regalo sino su intención y cariño en darmelo. Como dice Saint Exupery en el Principito …”no es la rosa lo importante… es el tiempo que pasaste con la rosa lo que la hizo importante”

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