La experiencia Liviano de equipaje

Desandando el desorden

bici-sole
Ph. Soledad Aznarez

Por Evangelina Himitian

Forma trincheras. El desorden adopta forma de cúmulos que muy rápido se convierten en invisibles y por lo tanto, eternos. Cuando uno intenta ordenar su casa y sacar todo aquello prescindible, le mete mano a placares, cajones, modulares. Pero en una segunda etapa, uno descubre que, aun con apariencia de orden, en muchos rincones de la casa subsisten verdaderas trincheras de desorden: esas sutiles montañas de cosas que no se usan pero que a fuerza de acumularse se convirtieron en una especie de mueble, mesa o apoyacosas.

¿Cómo se formaron? Es decir ¿A qué período geológico pertenecen estas montañas? Tienen varias capas. Primero, el núcleo duro se formó al colocar algo, así, como de pasada en un lugar, con el objetivo de trasladarlo pronto a otro. Pero a ese objeto, la mayoría de las veces nunca le llega el traslado a su destino final. “¿Qué es esto?”, nos pregunta la persona que convive con nosotros al ver por primera vez esa caja abandonada junto al escritorio. “Nada, dejala ahí porque lo tengo que acomodar en el placard”, puede ser la respuesta.

Pero después, ese orden no llega y no pasan más de unos días hasta que esa caja que nos molestaba a la vista, de pronto no la vemos más. Es como si la hubiéramos ordenado. Pero no. Sigue ahí.  Blum, se hizo invisible. Entonces, al mismo tiempo que buscamos encontrar “un momento” para ordenarlo, (“momento” que nunca llega) comenzamos a acumular cosas encima. Un par de libros, una caja con mechas para la agujeradora, unas revistas y cuatro CDs. Si tiene forma plana, permite seguir acumulando, sin que pierda el equilibrio. Solo falta que le coloquemos encima algo que de verdad sirve, como una radio o que lo usemos para apoyar el teléfono cuando lo cargamos. Entonces sí, se quedará ahí por años.

Puede parecer el relato de un acumulador o de una persona que tiene un problema serio para hacer orden. Pero puedo apostar a que muchos de nosotros, si recorremos nuestra propia casa vamos a encontrar pequeños focos de desorden controlado que adquirieron apariencia de trinchera. Que no nos molestan porque estamos acostumbrados a verlos pero que simplemente soy shengas de cosas en desuso.

Varias de esas trincheras desaparecieron de mi casa durante junio y julio, con el #chaudiez. Sin embargo, si cierro los ojos y pienso en los distintos ambientes, creo que puedo recordar que todavía subsisten algunos pequeños focos de desorden. Simplemente, de tanto verlos, nunca los ví. Dicen que identificar un problema es el primer paso para solucionarlo.

Esta semana ese va a ser mi objetivo: deshacer por completo los últimos bastiones en los que el desorden se atrinchera para permanecer en casa.

Les llegó la hora. Adiós.

 

 

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