El deseo La experiencia

Doha. La historia del jadeante López y los riyals cataries

Por Evangelina Himitian

Doha.- Hace 24 horas salí de casa y ahora estoy sentada en un piso 26 en Doha, Qatar, frente a la bahía este de esta ciudad tan utópica como un oasis. Como es Ramadán, en el aeropuerto nos pidieron a las mujeres que para salir a recorrer la ciudad nos cubramos la cabeza y las piernas. Esto no es Dubai, la llamada Miami del Oriente, pero se le parece bastante.  Las torres, las mezquitas, las autopistas ultramodernas y los shopping a puro lujo son iconos de la fisonomía de Qatar. Recorrimos la ciudad pero la mayoría de los shoppings estaban cerrados por Ramadán. Incluso el Bellagio, que se caracteriza tanto por sus marcas de lujo como por el hecho de que sus pasillos son de agua porque emula los canales de Venecia. Fuera de Ramadán este y otros shoppings desbordan de mujeres cubiertas de pies a cabeza que compran allí  montañas de ropa y accesorios que usaran solo debajo de las túnicas o puertas adentro. O tal vez nunca. No somos las únicas.


Uno no puede llegar a Qatar y sortear el chiste obvio ante un billete: estos deben ser los de José López, el número dos de Julio de Vido, que la semana pasada acabó preso cuando intentaba lanzar millones y millones de dólares por las paredes de un convento.

Pienso en esa escena y en mi mente se dispara la secuencia. Casi que escucho el jadeo desesperado de alguien que siente que está por perder todo si le sacan esos millones. Millones que nunca podría llegar a gastar o siquiera a necesitar. Pero el está allí, empujando y tirando una y otra vez las bolsas. Se le caen, jadea, insulta, tiembla, intenta arrojarlas otra vez. Algunas pasan, otras rebotan, como si estuviera jugando al quemado.

Hasta que alguien avisa, llega la policía y se desencadena ese final que sus jadeos tanto temían. La plata ya no está. No es más de López. Brote psicótico, abogada bailantera, escándalo nacional.

Me imagino la secuencia y recuerdo, desde el piso 26 de Doha, que entre esa fortuna había “moneda de Qatar”. Por qué. Todavía no sabemos. Al ver el lujo repentino, casi de sopa instantánea de este país, se me ocurren varias ideas. No eran muchos los cataries. Al menos en un comienzo, no se especificó cuántos eran. A lo mejor a López le pasó como a tantos extranjeros que visitan el país. Como a mí que pague un taxi con dólares y el vuelto me lo dieron en cataries. Eso habrá sido lo  de López, un vuelto. Supongo.

Pero no lo sé. No vine a esta ciudadad con intención de averiguarlo. Solo estoy de paso.

Pero al tener riyals cataries, así se llaman, en mi poder no puedo evitar recordar la historia del jadeante López y la moraleja de cómo la ambición desmedida te lleva a la ruina. Te aleja para siempre de lo que alguna vez realmente quisiste.

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