Inspiración La experiencia

¿Hay lugar para mí?

manis
Ph. Soledad Aznarez

Por Evangelina Himitian

Lo voy a admitir. Desde hace tiempo que no estrenaba tantas cosas. Todas nuevas o casi nuevas. Ropa, zapatos. Objetos de decoración, accesorios personales, una cartera, vasos, tazas. Una jarra. Podría seguir porque la lista es larga. Pero antes de que crean que mi compromiso con Deseo Consumido es una farsa, voy a aclarar las cosas. Llevo dos meses y diez días desde la última vez que compré algo que no fuera lo necesario para seguir adelante con mi vida, tal como nos comprometimos con Soledad Vallejos, en el contrato que firmamos el 1 de abril último.
Sin embargo, como desde que empezó junio decidimos subir la apuesta y nos comprometimos a sacar cada día diez objetos de nuestras casas, el panorama a mi alrededor está cambiando. Nunca me consideré una acumuladora serial ni menos una compradora compulsiva. Pero, los resultados de lo que encuentro cuando abro placares, cajas y armarios parece contradecirme. Y no soy la única. Creo que, más bien en esta transición que vivimos de la sociedad de consumo a la del hiperconsumo, fueron pocos -incluso en los distintos estratos sociales- los que lograron no acumular cosas que no usan o no comprar objetos que no necesitan.

Yo, acumuladora. Sí, debo reconocerlo. No soy alguien que viva en la opulencia. Para nada. Pero acumulo. La acumulación fue el lujo de la última década. Y lo peor, es que ni siquiera me había dado cuenta. Pero, por suerte, no soy la única. Por alguna razón, las terapias de orden están en su mejor momento. Por eso. Porque compramos, no nos desprendemos de lo que no usamos y después pretendemos esconder todo en placares, cajones y estantes. Lo único que conseguimos en crear pequeños bastiones de desorden pacificados tras las puertas. A punto de estallar.

La gurú del orden

Hace un año tuve la oportunidad de entrevistar a Marie Kondo, la gurú japonesa del orden. Le pregunté si el orden era una utopía en la era de la acumulación. La respuesta fue que sí. Que si seguimos acumulando lo que no necesitamos, nuestra casa jamás va a permanecer en orden. Porque lo que hacemos, cuando no nos desprendemos de las cosas que no necesitamos, en realidad es esconder el desorden.

En estos últimos diez días, nuestro compromiso de no consumo se movilizó a la acción. No sólo no comprar sino sacar lo que no usamos. No todo en un día, como sugiere Kondo, sino con nuestro propio método: de a diez objetos por día. Pasó poco tiempo, pero debo admitir que con cien objetos menos, mi casa se ve mucho más agradable. Como esos diez objetos tienen que ser cosas que tengan alguna utilidad que nosotras no les damos, no valen envases de shampoo vacíos ni botellas, ni nada que tenga que ir a tacho de reciclaje.

Pero, para sacar diez objetos por día, forzosamente te encontrás con la necesidad de tirar dos o tres objetos inútiles que rodeaban a ese objeto que vas a sacar. Es decir, que por cada cosa que saqué de casa, otras dos o tres tuve que tirar.

Empecé por el baño y llegué a sacar 25 objetos inutilizados. Estaban ahí de tiempo inmemorial. Nunca me había cuestionado su no uso o su no utilidad. Eran invisibles. Hasta que los vi. Ese debe ser mi mayor cambio, mi mayor ganancia en estos dos meses y poco que llevamos sin consumir. Mi manera de mirar mi casa, mis cosas, mis necesidades, mi cartera, mis ganas, mis deseos. todo eso cambió.

Estoy de estreno

Todavía me quedan por sacar otros 200 objetos. Pero cada día me cuesta menos. Y disfruto enormemente del resultado. Porque al tirar todo lo que no sirve y al separar para regalar las cosas que no uso, de repente me reencontré con prendas y objetos que ni recordaba que tenía. O que, tapados en la maraña de cosas, jamás había llegado a desarrollar la necesidad de usarlos. Eran nuevos. O casi nuevos. Y finalmente, a esos pocos que decidí que se quedaran en mi casa, un día los estrené.

El punto es que necesito tanto menos de lo que tengo… Ahora, cuando abro las puertas de mis placares hay algo que no se puede comprar ni en efectivo, ni en cuotas ni con un cuarenta por ciento de descuento. Hay lugar. Espacio para guardar los platos. El armario de las tazas dejó de ser un shenga asesino. Me cambio de ropa y encuentro perchas disponibles en las que colgar.

Creo que eso en impagable. Sentir que en tu casa hay lugar para vos y no para las cosas, es un lujo que, de haberme avivado antes, no hubiera demorado tanto en comprar.

3 comentarios

  1. Realmente admirables!!!! Me parece difícil lo que están haciendo, no solo el no comprar, que un poco viendo vuestro ejemplo , algo estoy haciendo, sino el deshacerse de cosas que ya tienen, que es uno de mis problemas y como decis en tu última emisión, descubris que estás estrenando cosas que ya tenías.
    Igual me inspiran muchísimo y estoy limitando extraordinariamente mis compras. Cada vez que me tiento con algo, aparecen Uds. que me dicen, Realmente lo necesitas? y allí terminó la tentación.
    Gracias por inspirarnos! Les deseo que mantengan este ejercicio de la libertad de decidir! Las sigo con cada nota y espero ir mejorando yo. Adelante! Sigan asi! Sé que lo lograrán!

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  2. SUBLIME!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! no se me ocurre otra palabra para describir cada sensación al terminar de leer una nota y lo que están haciendo y como lo están haciendo. Me parece IMPECABLE el lograr VALORAR lo que en realidad NECESITAN y todo lo que SOBRA.
    y yo las sigo PASO A PASO, y palmo a palmo APRENDIENDO Y
    APREHENDIENDO , haciendo lo mismo desde mi lugar para mi
    y tratando de explicar que no enloquecí ni que me volví mística o
    utópica ni mucho menos una bohemia,para que alguien mas se
    sume a esta quita de vendaje de los ojos y de estructurales mentales impuestas por quienes producen y quieren que compremos.
    VIVA EL CONSUMISMO en el sentido mas libre de lo que esa palabra significa CON…SU..MISMO…sweter, CON..SU…MISMO…pantalón, CON…SU…MISMO…plato etc. etc. etc. FELICITACIONES AMIGAS.
    TATI

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