La experiencia Lo compro o no lo compro

Soñé con esa cartera

Sin título
Ph. Soledada Aznarez

Por Evangelina Himitian

No estoy segura, pero creo que tuve síndrome de abstinencia. O algo parecido. Hace un par de noches soñé que había ido al supermercado y que el deseo de estrenar, de tener, de ser eso que uno se compra, me había ganado. Y casi sin darme cuenta, había vuelto a casa con varias cosas para mí, compradas en algún local cercano. No sé qué era. Eran varias bolsas. Estaban cerradas.

A la mañana siguiente recordé esta escena del sueño: yo estaba en mi casa, tratando de esconder esas compras. Es curioso, en el sueño también era parte de Deseo Consumido, o sea que era consciente de que haber comprado era haber metido la pata.

Había caído. Había comprado.

No me desperté en un estado febril, diciendo “¿qué hice?” En cambio, en mi sueño, estaba pergeñando una estrategia de ocultamiento. ¿Cómo iba a esconder eso que había comprado y qué excusa iba a dar para no admitir que había sido débil? Había caído. Había comprado.

Me quedé pensando. Al día siguiente se lo conté a Sole Vallejos y lo comenté en mi casa. El primer comentario fue, “si te agarra un psicólogo se hace un festín”. Porque todos sabemos que los sueños, los chistes y los actos fallidos son manifestaciones del inconsciente. Eso que queremos hacer, que queremos decir, que está ahí y no lo logramos concretar, emerge. En esta caso, en forma de sueño.

Me hizo acordar a otro episodio que viví hace un par de años. Era marzo, habían empezado las clases y una tarde fui de compras por los outlets de Aguirre. En una casa vi una cartera que me encantó. Era azul.  No sé que tenía, si eran los colores, la combinación, el diseño. Ni siquiera tuve que entrar al local para saber que la quería. Cuando la vi, desde la vereda, la amé. Ya no sabía decir si yo la había elegido a ella o si ella me había elegido a mí. Esa forma tan particular en la que decidimos comprar una cartera. Ese encuentro que se parece tanto al amor a primera vista. Igual que cuando nos enamoramos. Nos vemos, sentimos clack y listo. Estamos al horno.  ¿Puede pasar eso con una cartera? Me pasó.

“El deseo sigue ahí, abajo. Agazapado. Queriendo salir de shopping con mi subconsciente, y planean usar mi tarjeta”.

No sé si esto que cuento es parte de un discurso estereotipado. Si tiene que ver la cuestión de género o si es el género de la cartera, o si fueron los colores. O si soy una víctima de las promos. O del querer tener para querer ser. No sé qué me pasó. Pero vi esa cartera y me enamoré. En ese instante, frente a esa vidriera, esa cartera se convirtió en todo lo que quería en el mundo.

Pero era marzo. Acababa de pagar las cuotas, comprar uniformes, empezaba el año y dije “no”. No me la voy a comprar porque puedo vivir sin esta cartera. Fue increíble. No me la compré pero el deseo se quedó ahí. Se había instalado a un nivel subconsciente.

Unas noches después, soñé con esa cartera. Me pareció tan extraño. Lo conté en Facebook. “¿Viste cuando ves una cartera que te enamora, y decís que no. Pero entonces esa cartera aparece en tus sueños y te viene a buscar?” La reacción inmediata de mis amigas fue, “la tenés que tener”. O sea, “te vino a buscar en tus sueños. Es una señal. Es tuya. Tienen que estar juntas”. Mi respuesta  fue, “no chicas, estamos empezando el año, es marzo, hay muchas cosas que comprar. Si empiezo marzo así, dándome un gusto…”

“¿Viste cuando ves una cartera que te enamora, y decís que no. Pero entonces esa cartera aparece en tus sueños y te viene a buscar?”

No la compré. Pero, qué sensación rara… Pensar que en los sueños las cosas nos vienen a buscar. Me quedé pensando en ambos sueños. ¿Será que los sueños tienen sponsors? ¿Será que las marcas, como en la película “Inception”, nos plantan ideas de consumo mientras dormimos?. ¿El mercado llegó a la publicidad onírica? ¿Soñamos con publicidades? ¿Será? No lo creo.

Creo que el deseo está alojado en nuestro subconsciente. Llega a nuestras capas más profundas y entonces cuando nuestra conciencia dice “No lo voy a comprar” nos hace una pataleta y nos dice. “Pero yo lo quería”.

Es interesante descubrir que en los sueños también somos consumistas. Igual, me desperté y no lo había comprado. Pero el deseo sigue ahí, abajo. Agazapado. Queriendo salir de shopping con mi subconsciente, y planean usar mi tarjeta.

Como dije antes, no sé si esto es síndrome de abstinencia. Pero creo que es síndrome de algo. Síntoma de que soy humana. De que aunque me haya puesto por delante este objetivo –algunos me dicen, no, es imposible. Es peor que empezar la dieta el lunes, otro dicen la verdad que no te va a ser tan difícil, porque cuando te lleguen las cuentas de gas y luz con los aumentos, vas a agradecer no tener en qué gastar– sigo deseando algo.

Esa cartera, esas cosas, esas ganas de comprar, me salen a encontrar en mis sueños, cuando no es mi conciencia la que está al mando. Y por ahora me despierto y digo que no. ¿Mañana? Ojalá que mañana también.

 

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