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El mal del niño “sobreregalado”

niño regalado
Ph. Soledad Aznarez

Por Soledad Vallejos

La consola de videojuegos en su última versión. Eso pide mi hijo, de forma sistemática, desde hace dos años. Faltan aún casi diez meses para que cumpla siete, pero cada vez que encuentra la ocasión saca el tema y pregunta: “¿Cuándo me la van a regalar, para el Día del Niño, para Navidad, para mi próximo cumpleaños”? Algunos de sus compañeritos de clase -me jura- ya la tienen. Y en esa odiosa comparación (como todas) él reconoce una deuda.

Un poco por convicción y otro por cuestiones económicas, la consola de videojuegos seguirá pendiente en su lista de deseos. Pero en su lugar, tal vez como una forma de compensar las horas en que los padres estamos fuera de casa trabajando, por provocarle una sonrisa en medio de un berrinche o porque, sencillamente, creemos que una de las maneras de gratificar a los seres queridos es a través de un obsequio, mi hijo -como una buena porción de sus pares que viven en centros urbanos y de familias de clase media- recibe en promedio casi un centenar de nuevos objetos por año.

Aquí la teoría o el mal del niño sobreregalado.

Los abuelos son otro capítulo. En la medida en que pueden hacerlo también son una fuente de regalos y regalos. Llegan a casa con una “pavadita”, al menos, una vez al mes.

Cumpleaños, Navidad, Día del Niño, Reyes Magos. En esas cuatro fechas, podríamos suponer, cada padre le regala un objeto, cada par de abuelos, otro, dos tíos promedio y dos invitados más, que pueden ser esos amigos que viven de cerca la crianza de nuestros hijos, da una cuenta sencilla: 7 x 4= 28 regalos. Hasta acá, lo básico. Ahora se agregan los regalos de sus amiguitos por el cumpleaños, 15 más. Sumamos 28 + 15= 43. Padres estándar y culposos por no compartir el tiempo suficiente con sus retoños, o porque queremos que jueguen a otra cosa que no sea la tablet o la computadora, entonces les compramos un regalito por mes, y así la cuenta será de 43 + 12= 55.

Los abuelos son otro capítulo. En la medida en que pueden hacerlo también son una fuente de regalos. Llegan a casa con una “pavadita”, una vez al mes, por ejemplo, es decir 55 + 12= 67. Pero los abuelos, generalmente, vienen de a pares, por lo que le sumamos un regalito más del otro par de abuelos: 67 + 12= 79.

Todo esto, claro, sin sumar los regalos extra que puede recibir un niño con padres y/o abuelos separados, lo cual duplica no sólo la cantidad de familiares sino también la culpa, en muchos casos. Podríamos adicionar a la teoría los muñequitos de la repetida Cajita Feliz o afines, que pueden sumar unos 15 juguetes más por año, de suponer que somos padres responsables con la alimentación saludable de los chicos.

Una pareja tiene, en promedio, dos hijos. Por lo que en las casas de una familia porteña tipo entran 160 regalos anuales. Pero la acumulación de cosas comienza, casi de rigor, antes del nacimiento del primer hijo. De suponer que hasta los 5 años de la criatura no hicimos una “limpieza” de todos sus juguetes, los niños habrán sumado (la cuenta sería 160 x 5) unos 800 objetos a la casa.

Hace un tiempo, con Evangelina Himitian reflexionábamos sobre el comentario de una mamá que se negaba frente a una vidriera a comprarle un juguete más a su hijo. El argumento, antes de analizar la teoría del niño , podría haber sonado exagerado: “Si compramos un juguete más vamos a tener que mudarnos. Basta”.

7 comentarios

  1. Ayer fui con Amalia -mi hija de 6 años- a la juguetería del barrio. El ratón Pérez pasó por casa los días pasados y dejó abundantes billetes de valor pequeño, pero que para mi hija era una fortuna. ( entre nosotros, $ 50). Ir a la juguetería con Amalia, y mirar sin saber de antemano qué va a elegir, es una aventura que hacemos juntas en promedio una vez al año. Es para ambas un gran momento porque ella sabe que elegirá lo que luego de una recorrida por los estantes, más le guste. Y para mí también es un momento que disfruto porque es un paseo que esperamos durante mucho tiempo. No es sólo comprar como un acto de consumo. Es tomarnos el tiempo de mirar, desear, elegir y volver a casa para jugar. Hacemos de ir a la juguetería es un momento tán esperado como viajar en vacaciones. Y es único, porque pasa mucho tiempo entre una ida y otra. No hay rutina, capricho, recompensa etc. Hay un momento puntual que ambas sabemos que algún día volverá a pasar… apróximadamente en 12 meses….

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  2. Es algo que vemos y vivimos con nuestros 8 sobrinos: El mal del niño sobreregalado. Lo vemos en los cumpleaños y lo vemos muy muy claro en las navidades. Llegan al árbol de navidad ansiosos y extasiados, simplemente para abrir paquete tras paquete, en un acto que se vuelve mecánico, vacío, obsceno… Una de mis sobrinas al terminar con su pila de paquetes el año pasado preguntó ¿No hay más? Me da miedo pensar en qué promueve ese ritual. Y me parece una locura ver los cuartos de juego con montañas de juguetes que se usan o no, pero son demasiados. Supongo que es una mini-replica de las existencias adultas! Con la diferencia que a ellos el consumo les llegó desde el comienzo de sus vidas… Tratamos de no contribuir a la locura, pero tiene consecuencias sociales para enumerar…jajaja Sigamos intentando! Salutes

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  3. “mecánico, vacío, obsceno” tal cual! Son odiosas las comparaciones, pero la verdad a mis sobrinos les regalan cosas cada vez más increíbles con las que yo en mi infancia hubiera estado feliz y a ellos no les genera el mínimo entusiasmo.. es tan triste perder la capacidad de sorpresa.

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  4. Gracias. Hace unas semanas que siento que sobran cosas xq me falta espacio. Obviamente no pensé en deshacerme de nada, ahora después de leer varias notas, he decidido unirme a este cambio. Aunque hago varias cosas pro sustentables, somos consumidores natos. Ya imagino x lo menos una alacena vacía! Que placer! Todo llega en el momento justo. Ayer mi hijo de tres años le reclamo a mi marido que no le habia comprado un huevo con sorpresa al salir del colegio. Ya tenemos una colección de minios, autos, animales, juguetitos mini que se desarman y sirven de chiche al gato… basta de comprar supuestos premios si come toda la comida o si se porta bien en el jardín… unirnos a esta práctica será un cambio muy positivo! celebro su propuesta y la compartiré! Gracias

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