La experiencia Liviano de equipaje

El día que mi casa vomitó

manos.png
Ph. Soledad Aznarez

Por Evangelina Himitian

Fue como verle las entrañas a mi casa. Hace poco más de tres años, un día mi casa tosió. O mejor dicho, vomitó. Ocurrió durante la última gran inundación que vivió la ciudad. Mientras dormíamos, el agua subió y llegó hasta las rodillas. Cinco horas más tarde, comenzó a bajar. Cuando abrimos la puerta para que se fuera, nos encontramos con un río que corría con fuerza hacia la calle, llevando cientos, miles de objetos hacia el exterior. El agua cuando se va, se retira con violencia. La reja evitó que perdiéramos la mayoría de esos objetos. No tardó más de 20 minutos en desagotarse esa pileta en que se había convertido nuestra casa.

El agua salió hasta quedar a la altura de los tobillos. Ahí se estancó. Los últimos centímetros fueron los que más trabajo nos dieron. Hubo que sacarlos con escoba y secador. Entonces apareció la postal del desastre. Fue ahí cuando caí en la cuenta de que mi casa había quedado alojada en el lecho de un río. Y que todas las cosas que hasta el día anterior habían poblado mi cotidianidad, estaban ahí expuestas, revueltas, inclasificadas.
Debo confesar que verlas todas juntas me causó una impresión que hasta hoy me dura. No era sólo lo que habíamos perdido, ni la sensación de fragilidad y vulnerabilidad de un día estar sentado en el living de tu casa y al siguiente tener que rescatar ese mismo sillón convertido en un barco que navega hacia la calle. Me impresionó ver cuantas cosas había acumulado sin ningún criterio en esos cuatro años de vivir en esa casa.

De repente, la casa había tosido y en el suelo del comedor se mezclaron fotos, cartas, libros, CDs, vasos, juguetes, cosas guardadas para alguna mejor ocasión. Dólares, ropa, basura, botellas, el vinagre, una computadora, el tacho de basura, los manteles de mi abuela. Todos mis recuerdos, todas las cosas que quería y me importaban, y las que no pero no había encontrado mejor lugar para ponerlas, todas esas cosas que de estar guardadas ni sabía que tenía. Todo estaba allí, en un mismo plano, desclasificado. Todo lo que había vivido oculto en cajones, armarios, alacenas, tras las puertas, bajo llave, todo había emergido a la superficie en un mismo momento.

Me llevó varias semanas, por no decir meses, devolver cada cosa a su lugar. Tuve ayuda de amigos que pasaron días enteros a mi lado, volviendo a buscarle un lugar a las cosas que no se habían dañado por el agua. Una buena parte de ese río de cosas y recuerdos directamente lo fue a parar a la basura.

Fue una oportunidad para hacer una gran limpieza, claro que no tuve la posibilidad de elegirlo.
Ahora que intento pasar todo un año sin que ningún objeto nuevo entre a la casa, volví a pensar varias veces en aquella imagen. Y entonces me vuelve esa sensación de angustia porque mi casa estornudó y sacudió todos mis recuerdos.

No estoy tan segura de que, si esto me volviera a pasar, es decir, si mi casa volvería a mostrarme sus tripas, yo quedaría como una buena alumna que aprendió la lección de la inutilidad de acumular cosas.

Este camino que emprendimos de pasar un año sin comprar nada más que lo necesario está dando sus frutos. Por lo menos, la población de bolsas de cartón de productos nuevos ha empezado a decrecer. Pero también este mes y pocos días que llevamos nos sirvió para mirar hacia adentro de nuestras casas. Hacia adentro de nuestros placares y armarios. Además de no comprar, empezamos a sacar, a separar, a regalar.

Espero no volver a inundarme nunca más. Pero si eso ocurre, espero a ser más rápida que el agua y haberme desprendido a tiempo de las cosas que no sirven y regalado las que no uso. Por ejemplo, a quienes viven en el Litoral y hoy tienen sus casas inundadas, como ese día la tuve yo.

4 comentarios

  1. Querida Evangelina: (Con le edad que tengo quiero a quien se me ocurra) A los casi 90 sigo arrojando cosas, me desprendo de las inútiles. Y aquello de “me puede servir” Un día, me di cuenta de que es tan inútil,como “un cenicero en una moto”(¿ Viejo no? ) Lo ultimo, fueron las pertenencias de mi finada esposa. Y te recomiendo, si es posible, que no guardes nada, aunque sea porque dan trabajo para limpiarlos. Es tiempo úsalo para leer.
    ¡¡ Fuerza¡¡ que es cuestión de comenzar.
    Luego se hace costumbre.
    Juan Carlos

    Le gusta a 1 persona

  2. Hola chicas, acabo de escuchar por radio Milenium la existencia de éste Blog y de que se trataba, me encantó…el agua en éste caso una inundación (si bien es terrible y siempre nos solidarizamos con los que la padecen) no deja de ser conductora, arrastra todo a su paso inevitablemente, aunque en tu caso Evangelina sirvió para un “despertar” podemos vivir con tan poco y nos atiborramos de cosas materiales, apegos y sustitutos.
    Felicitaciones por ésta propuesta las sigo con gusto y las invito a visitar mi espacio.

    Un cálido abrazo.
    Adriana.

    http://descubriendonuestrointerior.blogspot.com.ar/

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s