La experiencia

Vamos a desconsumirnos

Ph. Paula Salischiker / La Nacion

Seguinos en este desafío todo el año en Facebook Twitter e Instagram

 

Por Soledad Vallejos y Evangelina Himitian

“Hoy es el primer día del resto de este año en el que no vamos a comprar ni una sola cosa para nosotras. Ni ropa, ni una crema, ni un libro, ni nada. La de ayer fue, tal vez, nuestra última tarde como personas normales. Podíamos comprar lo que queríamos, donde creíamos que nos convenía y pagarlo como podíamos. Como todos. Bueno, como casi todos. 

Desde ahora las reglas cambiaron. Vamos a desconsumirnos. 

Para los nuestros seremos como extrañas. Para los extraños seremos eso mismo: raras. Dos mujeres que asumen el compromiso de pasar todo un año sin comprar nada más que lo necesario. Ni un solo objeto cuyo destino final sea la acumulación.”

Esta fue la primera anotación de nuestro proyecto Deseo Consumido, hace 30 días. Mañana cumplimos un mes alejadas del 2×1, de las promos, de las 12 cuotas, de la miel de los descuentos, de ese consumismo que en la última década transformó nuestras vidas.

Es increíble cómo cambió en estos años nuestra noción de ahorro. La inflación le quitó sentido económico a la postergación del consumo, tanto que para nuestra generación, “ahorro” y “descuento” se convirtieron en sinónimos. Así, los argentinos “ahorramos” gastando dinero.

Llevamos 30 días sin consumir. Es sólo el 8,2% de nuestro proyecto. Igual se siente increíble. Pese a los malos pronósticos de algunos no tuvimos recaídas ni síndrome de abstinencia. En cambio surgen algunas reflexiones: el placer de tener, de estrenar, de comprar y de acumular va dando lugar a otras experiencias que pueden ser tanto o más gratificantes. Simplemente estaban adormecidas bajo un cúmulo de cosas que ni siquiera sabíamos por qué las teníamos.

“Chicas, su experiencia progre de autoconocimiento es mi realidad de todos los días”.

“¿Y por qué?” Esa fue la reacción inmediata cuando publicamos nuestra decisión en Deseoconsumido.com, el sitio donde compartimos semanalmente nuestra experiencia. Este proyecto no es equivalente a un voto de pobreza ni a un tratamiento de rehabilitación de adicciones.

La idea es dejar de acumular aquello que ya no sabemos dónde poner.

Habían pasado apenas ocho minutos del primer día cuando compartimos nuestra decisión en Twitter y Facebook, y un tropel de reacciones cabalgaron hacia nosotras. “No van a poder.” “Es peor que empezar la dieta un lunes.” “Qué estúpido, vivimos consumiendo cosas que no necesitamos. Así funciona el mundo.” Nos llamaron “las hippies con Osde” y hasta hubo quien nos acusó de “militar el ajuste”. Nuestro mensaje favorito fue: “Chicas, su experiencia progre de autoconocimiento es mi realidad de todos los días”.

Pero también nos llegaron muchos comentarios de gente que estaba en sintonía con este proyecto, que sentía que ese ritmo de “comprar-acumular-descartar” ya no les cerraba.
No estábamos solas. De hecho, detrás de Deseo Consumido hay un fenómeno mundial bastante extendido, y existen múltiples iniciativas -entre locales y foráneas- de personas que decidieron tomar otro camino, que reaccionan con hastío frente al consumismo después de haber vivido acumulando sin ningún criterio.

“Limpiamos el desorden de nuestra casa y de nuestra vida. Fue un viaje donde descubrimos que la abundancia es tener menos.”

Debemos reconocer que algunos de esos proyectos fueron una inspiración para crear Deseo Consumido: como la diseñadora canadiense Sarah Lazarovic, que pasó todo un año sin comprarse ropa y cada vez que experimentaba el impulso de hacerlo, lo dibujaba. Sus producciones se convirtieron en un libro, en el que escribió cosas como: “Veo un vestido así y me imagino el millón de vidas que podría pasar en él. Me preocupa que nunca jamás volveré a encontrar nada tan perfecto. Y entonces recuerdo que tengo un montón de cosas parecidas en mi armario”.
O como Rob Greenfield, un aventurero y activista norteamericano (protagonista del documental Viajero sin dinero, que se estrenará el próximo 21 de mayo en la Argentina, por Discovery Channel) que con el lema “Menos es más” como estandarte, publicó hace unas semanas en las redes sociales la lista de todas sus pertenencias: un total de 111 posesiones, lo que incluye cepillo y pasta de dientes.


Minimalistas por el mundo

También Project 333, de Courtney Carver, que propone un desafío fashion (y de bajo presupuesto) donde invita a los demás a vestirse con sólo 33 prendas durante tres meses. Otro caso que hizo ruido y de repercusión mediática fue el de Joshua Becker, con Becoming Minimalist. “Las mejores cosas de la vida no son cosas”, dispara Becker en su página Web, donde cuenta que junto con su esposa, en 2008, decidieron volverse minimalistas y, de forma intencional, vivir con la menor cantidad de posesiones. “Limpiamos el desorden de nuestra casa y de nuestra vida. Fue un viaje donde descubrimos que la abundancia es tener menos.”

Hay otros ejemplos, acaso con objetivos más nobles, como The Fashion Revolution, que impulsa a nivel mundial el consumo responsable en la moda y que lucha contra el modelo de producción textil basado en el trabajo esclavo, algo similar a lo que hace aquí la cooperativa Ropa Limpia.
En la misma línea se inscribe la experiencia de la familia alemana Fellmer, que decidió vivir sin dinero y cambiar servicios por alojamiento. Los Fellmer no tienen una cuenta de banco y se alimentan de desechos de supermercado, y su experiencia obligó hace un par de años al país germano a reflexionar, justo en el momento en que en Europa el capitalismo enseñaba sus fallas por la crisis de deuda.

Nosotras no somos tan extremas como Greenfield ni los Fellmer, pero quizá más sostenibles.

“Creo que, en general, los fenómenos anti sirven para eso, para despertar un nivel de reflexión o introducir un tema en la agenda. Son fuertemente audibles y visibles, pero no frenan ni modifican el sistema -opina Guillermo Olivetto, especialista en temas de sociedad, consumo y autor del libro Argenchip-. Expresan una idea con un nivel de intensidad que, muchas veces, hace que se los sobrepondere, pero finalmente la vida sigue y el grueso de la sociedad continúa viviendo bajo los mismos parámetros en la que fue estructurada. Sucedió con los movimientos antiglobalización. No fueron en vano ya que generaron conciencia y lograron mover el eje de un capitalismo extremo y sin sensibilidad social, sobre todo después de la crisis de 2008, pero no tuvieron grandes conquistas.”

Cuando terminemos este año, la conclusión no será: “Ahorramos 54.943,22 pesos y con eso compramos un Renault 11 con gas y lo pusimos a trabajar de Uber”.

Con respecto a los fenómenos anticonsumo en particular, Olivetto los considera “una minoría”, pero cree que igual tienen el potencial de instalar una idea de consumo más consciente, más responsable. “Tienen tres aristas que pueden transformarse en mainstream: el no derroche y el consumo responsable; el comercio justo y el rol social de las marcas, y las empresas.”
Nosotras no somos tan extremas como Greenfield ni los Fellmer, pero quizá más sostenibles. Es decir, es altamente probable que terminado este año nuestra pauta de consumo y nuestro ritmo de acumulación y descarte hayan cambiado nuestras vidas para siempre.

Hiperabundancia de contenidos

Al publicar nuestro compromiso en las redes sociales, todos esos ojos que parecían adormecidos o ausentes ante la hiperabundancia de contenidos, de pronto se sacudieron la modorra y dijeron -gritaron- que sí nos veían. Nos pasó lo mismo durante los primeros días en los que nos desconsumimos. Adonde quiera que íbamos, en la mesa del domingo, en un encuentro con amigos, en el trabajo, en el barrio, en el colegio de nuestros hijos, no se hablaba de otra cosa. Todos se habían enterado y casi nadie podía permanecer indiferente al tema.

Nos habíamos metido con el consumo, el tótem de nuestra generación.

Nos habíamos metido con el consumo, el tótem de nuestra generación, “el motor de la reactivación de la economía en la última década”, la religión de los que no creen en otra cosa y que están convencidos de que no hay ningún ideal detrás del acto de consumir.

A treinta días no somos más pobres ni más ricas. Porque no se trata de la plata. No buscamos ahorrar dinero, justo ahora que el dinero vale tan poco. Cuando terminemos este año, la conclusión no será: “Ahorramos 54.943,22 pesos y con eso compramos un Renault 11 con gas y lo pusimos a trabajar de Uber”.

No, eso no ocurrirá. En cambio esperamos salir de esta experiencia enriquecidas. No monetariamente, sino por la posibilidad de compartir, de regalar, de sobrevivir alejadas del consumismo como razón de compra.

“No quiero más cosas. No tengo tiempo para usarlas”.

Y para que el proyecto funcionara sobre rieles decidimos firmar un contrato, con cláusulas honestas y sin letra chica. Un tema de discusión, al menos puertas adentro, fue el de los regalos. Pero el texto es claro, y allí dice: “La compra de regalos queda prohibida. Lo sentimos mucho. Este año, sólo les regalaremos a los nuestros cosas que sabemos que les gustan y que no se pueden comprar. Es todo un desafío: poner a prueba cuánto los conocemos. Intentaremos sorprenderlos, tal vez con algún objeto nuestro que siempre nos elogiaron o con algún libro que nos encantó y sabemos que a esa persona le va a gustar. Se acabaron los regalos monetariamente impersonales. Si nosotras somos las destinatarias del regalo, la política es la misma. Sólo podemos aceptar algo usado (y amado) por quien nos lo ofrece. Si llegan regalos nuevos sepan que serán recirculados. Se trata de dejar de acumular”.

Este año, sólo les regalaremos a los nuestros cosas que sabemos que les gustan y que no se pueden comprar. Es todo un desafío: poner a prueba cuánto los conocemos. Intentaremos sorprenderlos



Nanda Machado es editora y periodista. En los primeros días del proyecto nos escribió un mensaje de aliento en el blog y nos contó que estaba enrolada en una experiencia similar. La suya había comenzado el 10 de enero último.

Tiene 66 años y tres hijos que viven en Nueva York, Montreal y Ecuador. Su hijo más chico, el que vive en Quito, vino a visitarlos para las Fiestas y estando acá se le complicó una neumonía mal curada.
Nanda tuvo que enfrentar una ciudad en llamas por la previa a la Navidad para poder visitar a su hijo internado, sobrevivir al estrés de fin de año, las incesantes llamadas y los mensajes de gente que proponía: “Veámosnos antes de que termine el año”, o que preguntaba: “¿Dónde la van a pasar'”; “¿Qué van a hacer?”

“Tendría que poner mi plata en algo menos perecedero que una remera”

“Experimenté una sensación de relajo tan grande con las Fiestas, con la obligación de estar, de comprar, de regalar, de consumir, que dije: «Quiero bajarme de esto». Lo único que yo quería era poder disfrutar de la visita de mi hijo, que era por pocos días, y sentía que el consumismo de las Fiestas me lo impedía. Me dije: «Durante el año me tengo que acordar de esto que siento. Paremos porque así no podemos seguir».”

Esa sensación de hastío, de relajo con el consumismo, fue decisiva. “Como un recordatorio de todo lo que tengo. Tengo dos placares llenos de ropa y siempre vivo pensando que necesito un tercero. Pero si me avisan de una gran barata, salgo corriendo. ¿Para qué? No sé, pero está barato. Eso es estupidez. Entonces pensé: «Tendría que poner mi plata en algo menos perecedero que una remera». Vivo corriendo para comprar ofertas de temporada y resulta que cuando buceo en mi placard encuentro ropa con la etiqueta puesta que ni me acuerdo cuándo la compré. Me da bronca y vergüenza a la vez”, confiesa visceralmente.

Vivo corriendo para comprar ofertas de temporada y resulta que cuando buceo en mi placard encuentro ropa con la etiqueta puesta que ni me acuerdo cuándo la compré.

Al igual que nosotras, Nanda pasará todo el año sin comprarse cosas e incluso sin recibir regalos para su cumpleaños ni Día de la Madre. Sólo comprará comida y productos de higiene. “Involucra no comprarme cosas para mí, no ir a la peluquería. Como soy periodista, las canas me tienen que dar un look intelectual -bromea-. Y si no, no me importa. Estoy feliz con la persona que encontré en mí desde que empecé con este proyecto. Me redescubrí. No sabés la liberación que experimento cuando voy caminando desde casa, en Belgrano, hasta el trabajo, en Núñez, y ya no siento la obligación de mirar vidrieras con ropa que no voy a comprar -dice-. No quiero más cosas. No tengo tiempo para usarlas.”
A su marido, que es de los que conquistan haciendo regalos, sólo le permite comprarle flores. “Y las disfrutamos los dos. Antes éramos de salir mucho a comer afuera, pero ahora no salimos tanto. No sé, es como que hay algo en nuestra forma de consumir que cambió. Y me parece que ese cambio se va a quedar más allá del año. Estoy muy cómoda con la decisión. Me siento menos esclava de un montón de cosas. No siento que me estoy perdiendo de nada. La buena noticia es que, si bien tenía un montón de cosas, logré frenar a tiempo, antes de que eso me llegara a percudir mi capacidad de darme cuenta de que en realidad no las necesitaba”, agrega.

En Deseo Consumido seguiremos compartiendo en forma semanal nuestra experiencia. Ya pasó un mes y estamos afianzadas, más convencidas que en el inicio, cuando escribimos esas primeras líneas desconsumidas: “Pasar un año sin comprar nada más que lo estrictamente necesario es para mí un camino de autoconocimiento que elijo recorrer como una manera de explorar mi relación con las cosas”, apuntó Evangelina.
“Cuando uno decide pagar por una prenda nueva también compra un deseo de proyección. Pero como pasa con la tecnología, la nueva versión nunca soluciona del todo los problemas del viejo equipo. Y así acumulamos. Demasiado”, tomó nota Soledad.

32 comentarios

  1. Somos dos jubilados y no compramos más que la comida semanal y los artículos de limpieza o de farmacia básicos una vez a la semana. Luego no compramos nada más.

    La ropa la hago en casa o la compramos cuando se necesita y no es posible elaborarla una vez al año o cada dos años. Luego se trata de reparar lo mejor posible todo antes de volver a comprar algo de nuevo. Los regalos para amigos o familia lo hacemos en casa con materiales desechables y son originales y muestran que hemos pensado en ellos mientras los hacíamos.

    Tenemos tres computadoras, una para cada uno de más de diez años y otra portatil de cinco años para cuando viajamos, sólo un celular que permite llamar, recibir llamadas y mensajes de texto. Un sólo televisor de siete años. Realmente no se necesita más para estar conectados y comunicados con todos los que nos interesa.

    Lo hacemos porque no queremos darle de comer a las mafias del vestir o a los que esclavizan a personas para producir aquello superfluo que nos instan a comprar para enriquecerlos a ellos precisamente, entre otras cosas.

    Nos damos cuenta de que gozamos mucho más caminando, paseando o viajando, leyendo (las bibliotecas tienen mucho material para ofrecer), mirando la TV una o dos horas diarias, cosiendo y fabricando nuevas prendas con las viejas, cocinando para intercambiar platos con las vecinas, haciendo artesanías, tejiendo al telar o reparando computadoras para intercambiar productos o servicios con vecinos, entre otras cosas, mucho más que comprando. Pero también nos damos cuenta que reduciendo el consumo también tiramos muchos menos desperdicios al planeta.

    Editar (en 4 minutos)

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  2. Muy buena propuesta, las banco a muerte! Hoy leyendo por ahí me enteré de lo que se propusieron y me pareció genial. Además, es algo que invita a reflexionar sobre los propios consumos de cada uno… ejercicio que me puse a hacer. No me considero muy consumista de objetos acumulables, pero me di cuenta que tengo un estante completo de la biblioteca con libros “pendientes por leer”, y sigo acumulando… ya pasé por la Feria y caí fácilmente en la tentación…
    Le comenté a mi pareja sobre el proyecto y ya me miró con cara rara… constantemente hablamos sobre lo que ella considera que le hace falta… en este momento una campera nueva. Mi respuesta es siempre una pregunta, “¿realmente la necesitas?” y paso siguiente me pongo a repasar cuántas camperas -en este caso- ya tiene. Ella misma se sorprende del número que arroja esa pregunta, pero igual, por lo general, va y se compra una más.
    Éxitos con el proyecto y gracias por generar consciencia sobre el exceso de consumo que tenemos en esta sociedad!

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  3. Genial.!!!! Alguna vez lei que un psicologo describia una tecnica para saciar la tentacion de comprar ropa.Y es simplemente que cuando vemos algo que nos gusta pero que realmente no necesitamos,debemos entrar al local de venta,probarnos la prenda, mirarnos al espejo,y pensar cuantas iguales o parecidas tenemos!!! luego sacarnosla y entregarla al vendedor.Esta accion es suficiente para que la ansiedad por comprar pase!!!!!
    Un abrazo y fuerza!!!!!!

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  4. Perdón, pero en ninguna de las opiniones y análisis que leí sobre el proyecto (que dicho sea de paso me parece muy interesante sobre todo para estudiar conductas muy arraigadas en el sujeto consumidor), se hace hincapié en la implicancia que tiene en nuestra sociedad el dejar de consumir.
    Dejar de consumir, en este contexto de recesión, es sencillamente mas desempleo. Creo que esto debe ser tenido en cuenta ya que estamos atravesando una etapa económica compleja y que de no contar con los estímulos correctos puede desencadenar en una depresión.
    Esta situación, económicamente hablando, es muy difícil de remontar y se transforma en un circulo vicioso (como también existe un circulo vicioso con el consumismo) cuyas consecuencias son mas nefastas para los que menos tienen.
    Creo que habría que poner el cartelito “no lo intenten en sus casas”, comunicando las implicancias que podría traer este tipo de conductas masivas en la sociedad industrial.

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      1. Es verdad, pero a eso vamos en el futuro. Si no es así la sociedad morirá ahogada en sus propios desechos. No todo se puede reciclar y siempre aparecen cosas nuevas. Es para reflexionar pero no para preocuparse ya que se seguirá consumiendo por necesidad o para aplacar ansiedades durante mucho tiempo más.

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  5. Me encanta el proyecto, son temas que han rondado mi cabeza, soy bastante consumista dentro de las limitaciones econòmicas que tengo, voy a seguirlas y creo que voy a intentar algo conmigo. Suerte y seguimos en contacto!

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  6. Ustedes hablan de deseo y consumido. Pues bien, deberían plantear una distinción o definicion más fina acerca del deseo, la necesidad, el placer y el goce, al menos. Como bien señala alguien más arriba, una acción así, en un momento en que la economía popular se achica, arrasada por la inflación generalizada, generará mayor desempleo, recesión, y conociendo el país, mayor inflación. También debo decir que algo me suena a auto engaño. No dejamos de consumir en cualquier momento, sino en este momento en el que uno cubre las necesidades como puede, y sabemos que hay gente que ni eso puede. Entonces nos abrazamos a alguna ideología o espiritualidad afín al momento para alienarnos un poco más aun.

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  7. Qué desafío chicas! si bien pareciera un imposible, sumidas en la sociedad que vivimos, pienso que van a lograr concretar el proyecto.
    Hace un tiempo atrás empecé a sentir que necesitaba menos cosas, lo que es bueno, creo que mi etapa de consumista serial había llegado a su fin.
    Siento que la sociedad es muy culpable del consumismo y para muchos muy conveniente, seguramente podríamos vivir con mucho menos, pero tal vez es la necesidad de llenar espacios que aún no están completos, es para pensarlo.
    Por mi parte lo que hago todos los años es luchar con mi egoísmo, al menos lo llamo así. Me siento a revisar el placard y retiro prendas que no uso y tal vez me encantan, pero que por un motivo u otro no usé en dos años, es claro que hay exceso.
    Debo decir que estoy aprendiendo a desprenderme, a las mujeres nos cuesta y sobre todo cuando tenemos un pasado de consumistas seriales, pero creo que forma parte del crecimiento personal de cada una.
    Seguramente muchas personas sienten lo mismo y el proyecto que empezaron va a concretarse, voy a seguirlas porque me gustaría conocer que descubren de esta experiencia.
    Éxitos!!

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  8. Sole, Evan
    Hoy leí la nota publicada en la nación y me llamo la atención. Respecto al consumismo es un tema que vengo abordando en los últimos meses en la vida diaria…. Me considero un consumista “moderado” (si es que existe esa categorización) y en los últimos meses me encargue solo de consumir productos y servicios que considere que me pueden brindar las herramientas para generar “contenido productivo” (lease, cámara de fotos, computadora portátil, y algunos accesorios que facilitan el trabajo, algún curso, etc). Esta mentalidad la empece a aplicar a los viajes, mediante plataformas colaborativas para reducir costos innecesarios, y estoy planificando un viaje basado en esa “forma de vida, simple”.

    En fin, perdón por la introducción, pero cuando escucho que la gente se queja de que esta mentalidad (o forma de actuar) es contraproducente para la sociedad, la verdad que es un poco frustrante. Entiendo que la finalidad no es dejar de consumir, que al fin y al cabo es imposible, sino el de concentrar el consumo en cosas “necesarias” para después adaptarlo a un consumo responsable… En el peor de los casos es un cambio de paradigma.

    Es interesante ver las opiniones que se genera en el entorno familiar/laboral, ¡Ojala que no las condicione!

    ¡Espero que el proyecto sea provechoso y aguardo por las conclusiones!

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  9. Chicas, Me parece excelente la idea, y muy buena para implmentar, no se si llegar a frenar todas las compras, pero si realmente pensar antes de comprar, lo necesito o no?
    El tema me preocupa especialmente con mis hijos, tienen 2 y 4 años y estan llenos de regalos, que no valoran,
    Tienen hijos? cómo se plantean esas situaciones?
    No me considero muy consumista honestamente, así que no veo problemas en frenar la compra de ropa, pero si soy de regalar mucho, a los otros y a mis hijos, y tengo claro que no quiero criarlos a ellos de esa forma. Ahi se me complica tanto el panorama que no se cómo manejarlo.
    Escucho sugerencias…

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    1. Guillermina

      Nunca podremos dejar de consumir en nuestra generación. Lo importante es no estar presos del consumo ni dejarnos llevar por la publicidad que nos incrusta subliminalmente sus propósitos. Lo importante es consumir con responsabilidad y no basando nuestra felicidad en el consumo.
      Ya te habrá pasado , como a todos nos pasó, que nos sentimos felices al comprar algo pero a los dos dias ya teníamos todos los problemas encima y en la cabeza dando vueltas y además el problema de la tarjeta de crédito.

      Los empresarios que se enriquecen gracias a nuestra ansiedad y nuestras dificultades nos van a odiar pero sigamos adelante que algo bueno va a salir de esto.

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  10. Hola chicas! Genial la propuesta, yo no compro cosas que no necesito (bueno, la verdad, sólo me doy ese gusto para mi cumple jeje) pero lo que si no puedo dejar de comprar son libros, eso si, los leo todos y después los dono a bibliotecas populares

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  11. Las felicito por la decisión ya que no es fácil. El consumo es una gran fuente de placer, y se deja de consumir… Adonde vamos a encontrar el placer inmediato?.
    El otro día iba por la Costanera, en la entrada a San Miguel de Tucumán y vi a una familia que andaba en un carro (dos nenes, papá y mamá) jugando al futbol con una pelota que probablemente habían encontrado o tal vez improvisado y me pregunte si acaso importaba el origen de la pelota o importaba el juego y momento de felicidad de esa familia.
    Yo personalmente me encontre un par de veces preocupada por que no me había secado el pelo con tal producto, o por que me habia salteado el paso número tres de no se cuál tratamiento de belleza de los miles que solía hacer. Entonces decidí ir un paso más allá de tan sólo limpiar mi casa de cosas que realmente no necesitaba y que ni en un año iba a poder llegar a utilizarlas en su totalidad. Decidí también DEJAR DE CONSUMIR LO QUE “TE RECOMIENDAN” que hay que consumir.
    Fue una tarea ardua eliminar de facebook todas las páginas de venta de ropa, servicios o amigos que ni se acuerdan de quien soy. Eliminar la aplicación de mercado libre de mi celular (poderosa herramienta para conseguir productos que en mi provincia no se consiguen, pero con la que me lleve más de un mal trago).
    Hice un bollo la lista de peliculas que me recomendaron ver y para las que nunca tendré tiempo. Vendi todos los libros que nunca leeré. Tire todas las preocupaciones impuestas y autoimpuestas. Empece a sentirme ridícula al perder 40 minutos de mi vida haciendo la cola en Oca para retirar una funda para celular con un brillito más que la que venden a la vuelta.
    Ahora salgo a pasear por la cuidad, no a comprar por la cuidad. Desayuno más tranquila desde que no me pongo las mil cremas después de bañarme. Encontré tiempo de mi día que no sabía que tenía jaja =D. Éxitos y felicidades!

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    1. Gracias Laura! Qué bien nos hace alejarnos un poco de tanta obligación de hacer las cosas y entonces nos reencontramos con lo q en realidad queríamos. Gracias por tus palabras! También nos inspiran a todos !

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  12. Hola, super interesante, hace tiempo que me interesa esta “Adiccion” y si bien soy bastante frugal, aun asi no consigo dominarla.
    Tuve que mudarme varias veces y me impresiono comprobar la cantidad de cosas que poseia y que no solo no usaba, sino que incluso ni siquiera sabia que tenia.
    Para que entonces la tenia? y para que las conservaba sin darles uso!!!??? y sobre todo, por que las compre!!!???…en fin…
    El consumismo ha devenido en hiperconsumismo.
    Epicuro lo definio muy bien.

    Ire siguendo el tema y no aflojen!

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  13. Consumir en exceso también es una adicción, por lo tanto nuestra ansiedad nos lleva a seguir haciéndolo en forma compulsiva y esa linda sensación nos dura poco tiempo.

    No nos dejemos llevar por lo que nos quieren vender y compremos lo que necesitamos cromprar y nada más.

    La economía seguirá funcionando igual, pero los consumidores seremos mas dueños de nuestro dinero, para no tener que dejarlo todo y todos los meses en tarjetas y tarjetitas, promociones , bonos, etc.

    Ser dueño de lo nuestro. Eso es fundamental y además tener la posibilidad de compratirlo con quienes deseemos.

    Además consumamos con placer lo que temos gratis a diario. Contemplar lo bello de este mundo por ejemplo, o caminar o movernos como podamos, sonreirnos, hablar, compartir, ver crecer una plantita, dar, acariciar. Todo gratis

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  14. Hola a ambas, leí la nota del Diario La Nación y me encantó la propuesta; me encantó que se hayan animado a hacer este desafío (y por un año completo wow!) y demuestren que es posible y encima productivo. Siempre me interesó el tema del consumismo, de evaluar qué es lo necesario y que no, de compararme o simplemente reflexionar sobre esa gente que no tiene nada más que eso NECESARIO realmente, totalmente opuesto a mis NECESITO ESE SWEATER!!
    Regularmente estoy dando mis cosas, no soy demasiado apegada pero si a veces impulsiva respecto a las compras y demás. Pero creo que es interesante este “sacudón” que dan ustedes con esta idea y esta mirada que nos haga pensar un poquito y hacernos mas concientes.
    LAS BANCO! genias!

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  15. Chicas, me parece muy genuino e inspirador lo que están haciendo. Y genial que se hayan lanzado aun sabiendo que cualquier puesta en practica tiene su margen de error. “Deseo Consumido” abre a muchas observaciones, una de ellas…una vez que vamos mas alla de los deseos, llevandolos a cabo o no ejecutandolos pero reconociendolos…que queda? o que nace? y la respuesta es obvia…como todo (la verdad esta en lo simple)…surge lo que esta mas allá de los deseos, mas allá de los limites de nuestra zona de conocimiento.
    Ya compartire mas percepciones.
    Adelante!!!

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