En mi placard La experiencia

Soy una promo victim

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Por  Evangelina Himitian

Día uno.  Llevo 24 horas de abstinencia  y se siente muy bien. Fue fácil. Tuve la primera perdida irremplazable del primer día del resto de este año: un plato. No soy más rica ni más pobre que ayer.

En cambio, me siento afortunada porque en este primer día encontramos mucha gente afín a nuestro proyecto. “Ayer me descubri recorriendo el shopping, buscando qué comprar sólo porque tenía descuento del banco ese día. No necesitaba nada. No compré porque un 15% nada más me parecía poco”, me escribió a modo de confesión, un lector  promodependiente como yo.

No soy adicta a las compras. Eso digo yo, aunque algunos discrepen. Al menos no soy la clase de mujer que recorre los shoppings en busca de nuevos modelos o que llegan al trabajo una hora tarde, con una excusa falsa y tres bolsas de ropa recién comprada. No, eso jamás. Tampoco soy una fashion victim y cualquiera que me conozca podrá dar testimonio de ello.

Odio ir al supermercado. Lo odio de forma militante. Prefiero entrar a locales chiquitos, que tienen solo lo necesario y si puedo, llego por ejemplo 20 minutos antes de que mi hija salga del colegio, para verme obligada a estar allí lo menos posible, porque sé que cada segundo q_DSC2051 (1)ue paso adentro incrementa el monto final de la cuenta que voy a pagar.

Sin embargo, debo reconocer que cuando recibo un mail con una promoción de descuentos que se acumulan y pueden pagarse en 12 cuotas, o cuando me encuentro en un país donde las cosas tienen un precio irrisorio, entonces ahí sí me convierto en Susana Giménez en Miami.

Compro de manera irracional. Compro cosas que me encantan, cosas para regalar, para mis hijas, para mi celular, para mi marido, para la persona que está cuidando a mis hijas mientras yo estoy de compras. Compro cosas que no necesito y que muchas veces, jamás llego a usar.

No soy la única. Ese es mi consuelo. Cada vez que comento la idea de la abstinencia consumista, alguna persons me mira a los ojos y con la mano en el pecho, me confiesa: es la historia de mi vida.

 

 

3 comentarios

  1. Querida Evangelina. Yo soy tu opuesto. Me cuesta mucho gastar, incluso en cosas absolutamente necesarias. Quizás porque en mi infancia compartía veranos con una amiga de mi madre que compraba ropa que le quedaba chica, porque ella decía que así se obligaba a volver a su casa y hacer dieta. Tenía dos placares llenos de ropa sin estrenar que mostraba con orgullo.

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  2. Hola chicas,
    Soy estudiante de la carrera Consultoría Psicológica. Me encantaría poder contactarme con ustedes!
    Estoy investigando el tema “consumismo y la insatisfacción”, y desearía poder hacer una pequeña entrevista para conconocer más acerca de su historia y desarrollo sobre este tema.

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